19 jun 2010

La dehesa hispana

Cuando la Constitución española cumple treinta años se puede valorar, con cierta perspectiva, la situación de España.
Como principal defecto apunto el desmembramiento de territorio y lengua y el acrecentamiento de las rivalidades que, en este país, se aderezan con la envidia.
Prueba de la confusión actual o guirigay son los modismos políticos patrocinados por la carencia de cultura y la mala pluma periodística, que llevan a la indeterminación términos tan claros y concretos como nación, estado, país, región, etc. Estos vocablos estarán bien usado si se ajustan a los intereses de cada cual o al momento coyuntural en que se pronuncien.
Cuando Europa pretende unir España impone el modernismo de separar por creer que la democracia es hacer cada cual lo que le venga en gana. Las autonomías son, además de la principal ruina económica del país, una frontera innecesaria y cada vez más notoria.
Con la crisis –o sin ella- parece locura mantener paralelamente diecisiete sub-gobiernos más otro central –en total dieciocho- con estructuras multiplicadas y funciones y competencias en permanente disputa.
El modelo de estado actual ha fracasado. La Constitución empleó sus primeros años en la reconciliación de las dos Españas (que ahora son muchas más) y, visto en la distancia, fueron momentos románticos. Pero a estas alturas de curso, cuando hasta los sindicatos son un ministerio más –y no aspiran a otra cosa- y el gobierno mantiene un rumbo incierto e improvisado; cuando las autonomías riñen entre sí por el agua o por la energía y, sobre todo, cuando legislan con aviesas intenciones para legitimar privilegios insolidarios, creo que hemos llegado al punto en que se debe poner cordura a estos desmanes y cambiar el rumbo de las intenciones. Y digo desmanes porque lo son, amén de desvaríos de la razón –tal vez derivados de la soberbia que envuelve a los poderosos - Y todo esto, como es natural, con el óbolo de los ciudadanos a los que sólo les queda la potestad de ser “sujeto pasivo” y, coyunturalmente, votantes (cuasi pasivo gracias a la inducción televisiva).
Esta situación (río revuelto) propicia la corrupción y la deshonestidad.

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